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Los Apus, las montañas divinas que rodean el Valle Sagrado de los Incas, en Cusco, son testigos de cómo Nicasio Uñapilco Ttito ha desarrollado sus habilidades para convertirse en un reconocido inventor. En su pequeña factoría, a la que ha llamado Multiservicios Innova Magrini, ha logrado convertir el metal en máquinas que están resolviendo grandes problemas de los agricultores y ganaderos de su zona.

Su ingenio, así como sus recias y ásperas manos, les han dado forma a picadoras de forraje, trilladoras, motobombas, entre otras máquinas que tienen la característica única de estar adaptadas para la caprichosa geografía de la sierra. Ha ganado el reconocimiento de su pueblo, pero al parecer no perdió la humildad.

A dos horas de la ciudad del Cusco, en el Valle Sagrado de los Incas, se encuentra la pequeña ciudad de Calca, cuna de ilustres peruanos como la escritora Clorinda Matto de Turner y el sabio matemático Eusebio Corazao Quintanilla. Solea y el aire es puro. Nicasio Uñapilco Ttito nos recibe con un abrazo y un fuerte apretón de manos. Tiene una voz nasal, fuerte y clara. Mientras nos muestras sus máquinas, nos aclara que no es calqueño.

“Yo soy natural de la provincia y el distrito de Anta, de la comunidad de Chacán. Mi papá, que en paz descanse, fue herrero. Desde niño ya conocía el cincel, sabía lo que era el aluminio, templaba el metal como me enseñó mi viejito”.

Hace una pausa y reconoce que su vida no fue fácil. Nicasio creció en un hogar disfuncional. Papá y mamá eran alcohólicos. Olvidado, creció a su suerte. Nos cuenta que siempre se daba maña para ir al colegio, quizá porque era su ancla a un mundo mejor. Cuando llegó a cuarto de media, Nicasio cuenta que era un jovencito con pequeños y poderosos sueños, que cambiaron su vida por completo. “Usted sabe, cuando uno entra en la adolescencia ya quiere tener buenas zapatillas, buena ropa, tener dinero, mejorar. Como no tenía nada de eso, abandoné el colegio. Me fui a Lima, a casa de mi hermana”, dice.

Ya instalado en el distrito de Villa El Salvador, buscó trabajo en el arte que más dominaba y se empleó en un taller como soldador. En sus distintos trabajos aprendió la soldadura autógena y eléctrica. Además, trabajó en una fábrica de carrocerías de autos, hasta que en 1980 abrió su taller de reparación de autos y soldadura.

El regreso a casa

La vida era la rutina del trabajo para el joven Nicasio. Pensaba en su pueblo. Un día tomó la decisión y regresó a Chacán. Lo hizo en el momento preciso, pues luego de la Reforma Agraria muchas cooperativas e instituciones necesitaban mecánicos que pudieran arreglar los tractores y maquinarias con las que contaban.

Nicasio dice que abrió su taller y durante los tres primeros meses trabajó sin parar, solucionando los problemas mecánicos que se habían ido acumulando durante años. Aprovechó el tiempo que pasó en su tierra para culminar sus estudios en el colegio. Se ríe y dice que era el más viejo de su clase.

En busca de un nuevo hogar

A los 25 años se comprometió y tuvo su primer hijo. Luego de un tiempo, sucedieron una serie de inconvenientes con la familia de su esposa, los cuales determinaron que se fuera a vivir, por un tiempo, a Arequipa. Dice que su esposa e hijos no se acostumbraron y por eso, luego de unos meses, volvieron a Chacán.

Al poco tiempo, se mudaron a Calca, una apacible y prometedora ciudad en donde había una gran cantidad de agricultores y ganaderos que también necesitaban sus servicios. Además, Calca tenía la ventaja de ser paso obligado para ir al distrito de Yanatile, que es donde comienza la selva cusqueña.

Los duros caminos y carreteras por los que transitaban los carros, camiones y autobuses que iban a Quebrada Honda, capital de ese distrito, demandaban también los servicios de mecánicos y soldadores. No obstante, Nicasio insiste que de Calca le sedujo su clima cálido y que estaba lejos de los problemas en su tierra natal.

Los primeros inventos

Durante los primeros años en Calca, Nicasio realizaba las mismas labores que en Chacán: mantenimiento a las maquinarias de cooperativas, colegios y arreglo de los desperfectos de los autos que iban o regresaban de Yanatile.

“En un momento pensé que arreglar las máquinas y tractores, una y otra vez, era como estar parchando mil veces la misma pista, mucho mejor era hacer una nueva máquina, replicar y producir”.

Es así como un día llegó un cliente con una picadora de chala o tallo del maíz y le dijo: “Nicasio, ¿por qué no hacemos una igual?”. No lo pensó dos veces y se lanzó a la aventura de construir su primera picadora para tractor.

Al cabo de unas semanas, Nicasio había producido su primera máquina. Tenía fallas, pero dice que todo en la vida tiene solución, menos la muerte. Tuvo siempre mucha paciencia y la disposición de mejorar los productos que salían de su taller. La noticia se difundió con rapidez como si el apacible viento del Valle Sagrado hubiera difundido la buenas nuevas. Comenzaron a llegar tal cantidad de pedidos que tuvo que dejar su labor como mecánico de autos.

Para mejorar sus productos, estudió sobre varios aspectos de mecánica. Además, buscó ayuda y asesoramiento en algunos antiguos compañeros de colegio que habían llegado a convertirse en ingenieros mecánicos.

A la picadora le siguieron otras máquinas, a las cuales les dio características especiales para que pudieran ser usadas en los difíciles terrenos de la sierra: peladoras de maíz, empacadoras, motobombas, sembradoras, seleccionadoras y la que es actualmente su producto estrella, la trilladora de quinua, que tiene como característica principal que es de dos ruedas y se puede transportar y operar en terrenos de difícil acceso, como laderas o quebradas. Este producto ya tiene pedidos para países como Colombia, Bolivia, Argentina y Chile.

Gracias a sus inventos, ha sido reconocido a nivel regional y nacional. Tiene varios premios como los de la ONG NESST, del Consejo Regional de Tecnología de Cusco y el premio Citi.

El futuro, un gran panorama

Actualmente, Nicasio trabaja con su esposa, que es su secretaria, y con su hijo, Nico, que es su brazo derecho. Sus planes inmediatos son la estandarización de todos sus productos para poder producirlos industrialmente. El otro gran proyecto que tiene entre manos es empezar a exportar sus máquinas. Dice que le entusiasman el internet y el marketing para el desarrollo de sus proyectos inmediatos.

Nicasio confiesa que es un hombre feliz y realizado, sus hijos son profesionales y él no cayó nunca en las garras del alcoholismo. Dice que todos sus logros no hubieran sido posibles si no hubiera tenido siempre las ganas de aprender, su innata curiosidad y su amor por el conocimiento. “¿Qué hubiera sido de mí si no hubiera tenido pequeños y poderosos sueños que guiaron cada uno de mis pasos?”, finaliza.

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