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Las siete vidas de los cerveceros de Tacna

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El clima cálido y seco de Tacna permite que el olor del lúpulo y de la malta lleguen puros hasta nuestros olfatos. En la planta cervecera de Master Brew se siente la adrenalina, pues en pocos días se realizará el lanzamiento de la cerveza artesanal Siete Vidas a nivel nacional. Todo un logro en un país donde este producto no es tradición. Milkov Machaca Valenzuela señala que el camino ha sido largo y duro junto a su socio, y amigo de toda la vida, Ernesto Silva Toledo. Hace poco se sumó a esta sociedad Marco Málaga Muller, con quien han conformado un equipo sólido. Esperan conquistar el paladar de los peruanos y no tienen miedo, porque ya han pasado por muchas altas y bajas. Aseguran que ellos son como los gatos y aún les quedan varias vidas.

A la pregunta ¿cómo se hace la cerveza? le siguió ¿por qué no hacemos la nuestra? Milkov recuerda que era 2002 y tenía 24 años. Junto con Ernesto decidieron producir su propia bebida. Buscaron información en internet y, con el escaso material que encontraron, se lanzaron a realizar su primera producción.

En aquella ocasión tuvieron que importar los insumos de Argentina. Eran tan neófitos en el asunto, que en un primer momento pensaron que encontrarían los insumos en cualquier mercado de la zona.

Él nos dice que su primera producción de cerveza debía de ser de 20 litros, pero al final solo sacaron ocho. La cerveza artesanal que producían la compartían con sus amigos y amigas en reuniones. No tardó mucho tiempo para que les hicieran el primer pedido: 20 litros de cerveza para una fiesta, a lo que ellos accedieron felices.

Para mejorar su producción, Milkov nos dice que trataban de sacar toda la información posible de internet y participaban también en foros online para poder hacer consultas.

“Somos pioneros de las cervezas artesanales en el Perú. Cuando nosotros comenzamos, nadie hacía este tipo de bebida en nuestro país; no teníamos con quién comparar nuestra cerveza y saber si era buena o mala. En internet nos resolvían las consultas, pero ellos no podían probar nuestro producto”.

No obstante, la cerveza de estos dos emprendedores tuvo una buena recepción entre sus amistades y familiares. En tan solo unos meses ya estaban vendiendo un promedio de 100 litros por fiesta. En ese momento, ambos se preguntaron: “¿Por qué no armamos un plan de negocios? Podría ser una buena idea”.

Viajan en busca de conocimiento

En 2004, Milkov y Ernesto viajaron a la Argentina para capacitarse. “Lo primero que hicimos fue probar otras cervezas artesanales. Hasta ese momento, la única cerveza artesanal que habíamos probado era la nuestra. Queríamos saber cómo estábamos. Nos dimos con la sorpresa de que estábamos más o menos bien, o sea, tenía casi el mismo sabor”, agrega.

Luego hicieron cursos cortos para conocer un poco más de la producción de cerveza. Milkov dice que fue un viaje de aprendizaje y aprovecharon la ocasión para importar equipos con una capacidad de producción de 200 litros.

Mushna, el principio de una tradición cervecera

De regreso en el Perú, encontraron un local que tenía una muy buena ubicación y un precio razonable para alquilar. Decidieron abrir un bar para comercializar su cerveza y la bautizaron como Mushna. Milkov asegura que salir del ámbito de los amigos y enfrentarse al público fue todo un reto. “La cerveza artesanal no se puede comparar con la cerveza industrial, son dos cosas muy diferentes. Lo único que comparten es el nombre porque la estructura, la forma como la elaboras, la técnica de fermentación son diferentes. Hasta los sabores son distintos. Tuvimos que explicarle a Tacna qué cosa era nuestro producto”, agrega.

Es importante señalar que, a la fecha, Mushna se ha convertido en uno de los bares referentes de la ciudad de Tacna.

Los primeros tropiezos

El bar iba muy bien, entonces decidieron abrir otro. Pensaron que el éxito se replicaría, pero quebraron con ese negocio. Luego inauguraron un restaurante y se dieron otra vez de cara con la realidad. Para el tercer intento, elaboraron un estudio de mercado y descubrieron qué cosas habían hecho mal. Corrigieron los errores y abrieron el bar Mushna 2, en el 2005, con bastante éxito.

Milkov cuenta que, para 2006, los dos negocios estaban consolidados. Ya habían obtenido reconocimientos como empresarios e incluso premios. Pero increíblemente fue a partir de ese momento que tuvieron que superar una dura prueba.

“Nos entró la soberbia. Creíamos que ya lo habíamos logrado todo. Vivíamos tranquilos de nuestras rentas, éramos jóvenes y solteros. Comenzamos a inventarnos viajes de negocios. Un día despertábamos y decíamos qué tal si ponemos un bar en Cusco, y nos íbamos de juerga, supuestamente a hacer un estudio de mercado. Al final hacíamos unos informes que ni nosotros mismos leíamos. Sin embargo, toda juerga tiene su resaca y un día nos dimos cuenta de que durante varios años no habíamos avanzado nada”, dice emocionado Milkov.

De vuelta al ruedo

En 2011 se dieron cuenta de que no podían quedarse contentos con lo que alcanzado, que debían plantearse objetivos más altos. Entonces, pidieron un gran préstamo al banco para ampliar su planta y comprar nuevos equipos. En ambos proyectos no les fue bien.

Las obras de ampliación tardaron más de lo debido, porque no habían hecho un contrato con la constructora, solo habían quedado de palabra. Por otro lado, los nuevos equipos cerveceros, importados de Argentina, no eran los adecuados para lo que ellos necesitaban. Tuvieron que traer un maestro cervecero de ese país para poder reconfigurar los equipos en la parte mecánica.

Mientras terminaban las obras de ampliación y mejoraban los equipos, casi al borde de la quiebra económica, tuvieron que pedir ayuda a unos amigos en Arequipa para poder producir en esa ciudad, con todos los sobrecostos que eso significaba.

Debían un millón de nuevos soles. Las cosas no iban bien entonces y tuvieron que vender algunos bienes para no perder el negocio. A todo ello se sumó que, en 2012, los invitaron a participar en Mistura, pero a los pocos días tuvieron que retirarse porque existía un contrato de exclusividad con una marca de cerveza industrial.

“En vez de pelearnos con los organizadores, negociamos y logramos que nos pagaran un programa de Buenas Prácticas en Manufactura y un programa SGS. Esto nos permitió salir adelante y mejorar todos nuestros procesos. Lo que casi nos mata, al final nos hizo crecer”.

En 2014, con su negocio estabilizado, desarrollaron un ambicioso plan para poder introducir su cerveza en todo el Perú. De un riguroso estudio de marketing salió su nueva marca, cerveza artesanal Siete vidas. Dice que le pusieron ese nombre porque resume el desarrollo y la fortaleza de su negocio.

Este 2005 llegó como nuevo socio Marco Málaga Muller, un experto maestro cervecero reconocido internacionalmente. Con Marco al mando de la producción se aseguraron la calidad de su cerveza.

En estos días, la cerveza artesanal Siete Vidas se comenzará a vender en Lima, Cusco, Arequipa y Moquegua. Milkov dice que todo esto no hubiera sido posible sin la perseverancia y el amor que tienen por su producto. Finaliza diciendo que sueñan con crecer mucho más.

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