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La refrescante bebida de la solidaridad

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La neblina por la mañana, el sonido de los cláxones entre el intenso tráfico de autos y personas, los edificios de la zona financiera de San Isidro —en Lima—, las reuniones en oficinas frías y elegantes. Todos estos espacios fueron los escenarios en donde, durante algunos años, Fernando Tamayo Grados batalló para sacar adelante un anhelado proyecto que hoy es realidad: la primera empresa solidaria del Perú, Uma Vida SAC, que actualmente comercializa agua embotellada bajo la marca Yaqua.

El 100% de las ganancias de esta empresa está destinado a proyectos que buscan solucionar el problema de agua potable en diversas comunidades del Perú profundo. La empresa tiene como objetivo llegar a ayudar al 5% del total de compatriotas que no cuentan con este servicio. Fernando dice que le gustaría que los peruanos fuéramos más solidarios y que ayudar fuera tan fácil como tomar agua.

Desde niño, estuvo muy interesado en apoyar a los demás y hacer de este mundo un lugar mejor. Fernando señala que, cuando tenía 13 años, murió su querido abuelo y este hecho le hizo comprender que su propósito de vida era ayudar a los demás. “Desde ese momento, me involucré mucho en todo lo que era voluntariado en el colegio, obras sociales y otras actividades”, agrega.

Luego de terminar el colegio, ganó una beca para la Universidad de Melbourne, en Australia. Allí se inscribió en la Facultad de Economía y, posteriormente, se especializó en temas relacionados con la reducción de la pobreza. Fundó una ONG, a la cual llamó Melbourne Microfinance Initiative, y a través de ella conoció a muchos líderes sociales, entre ellos a un grupo de jóvenes australianos que tienen una marca de agua solidaria llamada “Thank You Water”, la cual apoya proyectos de agua potable en África. Esta empresa fue el modelo de negocio que inspiró a Fernando para desarrollar Yaqua.

Uno de los líderes de esta organización le preguntó, durante una conversación, cómo era la situación del agua en el Perú. Fernando en aquel entonces tenía 20 años y no supo cómo responder.

Esto hizo que investigara y revisara todos los indicadores de desarrollo en el Perú; así descubrió una dura realidad. “Hay ocho millones de peruanos que no tienen agua potable. Al año mueren más de 10 000 niños por tomar agua contaminada, lo que equivale a las víctimas de 18 terremotos en Pisco. Hay personas que tienen que caminar entre 2 y 4 kilómetros para acceder a un recurso que para nosotros es algo normal tener”, manifiesta.

La semilla de una idea

Recuerda que una vez que tuvo conocimiento de esta realidad, se entusiasmó y decidió replicar el modelo de venta de agua embotellada y solidaria. Llamó a su mejor amigo y actual socio, Daniel Franco, quien se encontraba en Lima, y le propuso desarrollar este emprendimiento. Le explicó que la ganancia neta de la venta de cada botella iba a destinarse a desarrollar proyectos de agua potable. Obviamente, un porcentaje de la venta de cada botella se destinaría para pagar todos los costos operativos como sueldos, producción y otros.

Una vez que termina la universidad, viajó un mes a la India para aprender más sobre las empresas sociales. Luego, regresó a Lima con la idea de lanzar Yaqua en 6 meses, es decir, para finales del 2011. Él y su socio constituyeron la empresa Uma Vida SAC, con mucho entusiasmo, pero se dieron cuenta rápidamente de que Lima era un lugar muy complicado para desarrollar este tipo de proyectos.

Muchas piedras en el camino

La primera complicación que encontró Fernando en el Perú fue que no existía una industria donde se pudiera maquilar la producción y el embotellamiento del agua. Lo que en Australia resultaba algo usual, en nuestro país no lo era. Aquí, cada empresa tiene su marca, su propia planta de producción y no maquilan, es decir, no prestan servicios a terceros. Durante mucho tiempo, Fernando buscó un socio estratégico. Las puertas se le cerraban. A todos les parecía interesante su proyecto, pero no veían forma de que funcionara en el competitivo mercado peruano.

“Empezamos a buscar alianzas y eso nos tomó mucho tiempo. Comenzamos esta labor en 2011 y recién en 2013 pudimos encontrar a nuestro socio estratégico: Industrias San Miguel, que es la que produce el agua Cielo. Nos reunimos con Cinthya Añaños y le explicamos nuestro proyecto, el cual les pareció excelente a ella y a su equipo”.

Superado este escollo, luego tuvieron otro problema con la marca. Cuando fueron a Indecopi a registrar el nombre Yaqua, se dieron con la sorpresa de que esa marca ya estaba registrada por otra empresa que, además, ya no operaba. Fernando dice que buscó al dueño y, a pesar de que le explicaron la finalidad del proyecto, les cobró una fuerte suma de dinero.

Para poder financiar el inicio de las operaciones de su empresa social, Fernando tuvo que vender su camioneta y otras propiedades. Cada vez estaba más pobre y dice que muchas veces tiró la toalla, pero luego la levantó y volvió a la carga con el proyecto.

Los ángeles del emprendimiento

En una de las ocasiones en las cuales Fernando ya estaba por rendirse definitivamente, tuvo un encuentro inesperado que le dio un gran impulso al inicio de la operación de su empresa. Estaba una noche en un café, revisando números en su computadora, y se dio cuenta de que muy cerca de él estaba un hombre que tenía dificultades para conectarse a internet. Le preguntó cuál era el problema y este le respondió que quería pagar sus impuestos. Fernando lo ayudó de buena gana, el hombre le agradeció e iniciaron una larga conversación. Le contó sobre Yaqua. El hombre le reveló que era el esposo de una importante funcionaria del banco Scotiabank. Esa noche consiguió una cita para que él y sus socios pudieran exponerles a los directivos de esa institución su idea de negocios.

Fernando señala muy emocionado que tres meses después de esa cita de negocios, recibió una llamada y era para confirmarle que el banco les iba ayudar con una donación para que pudieran comenzar a producir y vender el agua Yaqua.

Comienza la aventura en el mercado

Yaqua salió al mercado a mediados del 2003. Fernando señala que los primeros seis meses de operación fueron los más difíciles, porque tuvieron muchas pérdidas. Pecaron de optimistas y sacaron un gran lote de botellas. No obstante, los supermercados, las tiendas y bodegas no les recibieron el producto, pues no querían apostar por una marca desconocida. Les dijeron que volvieran al año siguiente. Fernando y sus socios tuvieron que realizar más sacrificios para mantener operativa la empresa. En esos momentos difíciles fue muy valioso el apoyo de la prensa, que les ayudó a difundir la idea de su negocio y hacerlos más conocidos. Así lograron importantes socios estratégicos, como las cadenas de grifos Pecsa y Repsol, los restaurantes de Gastón Acurio, los supermercados Wong y Metro, y la cadena de farmacias MiFarma.

Actualmente, Uma Vida SAC es una empresa estable y en pleno crecimiento. Han desarrollado tres proyectos de agua potable en Maynas (Iquitos), la localidad de La Libertad, en Anco (Huancavelica) y la comunidad de Suro (Cajamarca). Fernando sonríe y dice que nada de esto hubiera sido posible sin haber establecido relaciones de confianza con la gente, desde sus aliados hasta los consumidores. Sonríe y me ofrece una botella de agua. “¿Quieres?”, me dice.

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