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PREMIC_Jesús-Jaliri

Casi cerca del cielo, en Puno, la familia Jaliri tiene uno de los más grandes criaderos de alevines de trucha del Perú. Su empresa, AquaAlevines Jaliri SAC, importará este año, desde Estados Unidos, más de 70 millones de ovas de truchas hembra que se convertirán en alevines o peces jóvenes, los cuales serán distribuidos a diferentes criaderos y piscigranjas dele Perú. Jesús Jaliri Chambilla cuenta que todo comenzó hace más de 25 años. Su papá, don Andrés Jaliri Apaza, escapaba de la crisis del precio de la lana de alpaca y encontró en los peces las bases de un interesante negocio que ha logrado reunir a su familia y traer el progreso a su hogar y su localidad.

Mientras usted lee estas líneas, a más de 4600 metros sobre el nivel del mar, las jóvenes truchas de los Jaliri saltan en sus pozas, como si quisieran tocar el cielo. Jesús las observa y nos dice que su papá, don Andrés, durante muchos años se dedicó a comercializar fibra de alpaca, un negocio con el cual pudo criar y educar a sus hijos. En la década del 90, el valor de esta materia prima cayó a su precio mínimo histórico: 2,80 nuevos soles por libra. Ya no era una actividad rentable.

Jesús, quien es el gerente general de AquaAlevines Jaliri, nos cuenta que su papá conocía a las empresas acuícolas del lago Titicaca y sabía de sus necesidades. Entendía que esta incipiente cadena productiva necesitaba proveedores de alevines de truchas hembras. Sorprendido de que alguien no sepa de estos menesteres, Jesús nos explica que, en la industria acuícola, las piscigranjas solo alojan a truchas hembras porque estas se desarrollan en menos tiempo que los machos y son más rentables para el negocio.

Don Andrés no lo pensó mucho y mandó hacer un estudio de la calidad de las aguas de su propiedad, Chichillapi, que se encuentra a tres horas del lago Titicaca. El resultado fue positivo. Descubrió que los manantiales de Chichillapi tienen la temperatura adecuada para criar ovas y alevines de trucha: 9 grados centígrados, con una variación en promedio de más o menos un grado.

Era el año 2006 y Jesús recuerda que su papá se encontraba muy entusiasmado. Él y su hermano Rogelio vivían en Lima y tenían otras actividades. Nos dice que don Andrés les pidió ayuda. Quería que le dieran una mano en la labor de encontrar a un proveedor mayorista de ovas de trucha hembra. En aquellos tiempos, aún no estaba difundido el uso de internet, pero a través de llamadas de teléfono y cartas postales lograron ubicar a la que es hasta ahora su proveedora mayorista: Troutlodge de Seattle, Estados Unidos.

Las ovas que vienen del norte del planeta

La primera importación que realizó don Andrés fue de 100000 ovas de trucha hembra. Jesús dice que, para alojarlas, su papá mandó construir una pequeña sala de incubación, en la cual durante 7 u 8 días se desarrollaron las ovas hasta convertirse en alevines.

“Durante 10 y 12 semanas los alevines crecen hasta llegar a su talla comercial que es de entre 3,5 y 5 cm. Luego , las distribuimos a los clientes: los centros de engorde o piscigranjas, en donde las truchas siguen su crecimiento por 6 meses, para luego ser destinadas al consumo humano”.

El entusiasmo inicial fue declinando con el paso del tiempo. Cuatro años después, el negocio había crecido poco. Don Andrés, un hombre mayor, se sentía cansado y la logística del negocio demandaba mucha mano de obra. Jesús dice que recibió una llamada de su padre que le cambiaría la vida.

Cambio de vida, cambio de mando

Jesús y Rogelio Jaliri eran hasta 2010 suboficiales del Ejército y vivían en Lima. Habían ayudado a su padre anteriormente en algunas diligencias, pero no tenían idea de que su vida daría un giro de 180 grados, porque su padre les pediría que se hicieran cargo de su negocio.

Jesús y Rogelio visitaron Puno y descubrieron que la competencia de don Andrés no solo era dura, también era desleal. Ambos cuentan que fueron testigos de cómo difamaban a su padre. “Creo que mi hermano y yo sentimos en el pecho un puñal de fuego. Esta situación nos hizo despertar y nos motivó a quedarnos”, confiesa Jesús.

Era el año 2011. Ambos se unieron a su padre y decidieron crear la empresa familiar AquaAlevines Jaliri S.A.C. Con el dinero que recibieron por los años prestados al Ejército, se capacitaron en la cría de alevines, compraron su primera importación de 600000 ovas de trucha y dos camiones.

Gracias al ingenio de Rogelio, pudieron adecuar los camiones para el transporte de alevines. Con esta innovación revolucionaron el mercado de la acuicultura en Puno, ya que por primera vez se lograba transportar en un solo día a 250000 alevines a distintos clientes del lago Titicaca.

Un nudo de lana que desenredar

 Jesús recuerda que pocos meses después de iniciada la empresa comenzaron los problemas. No se habían designado puestos y todos querían dar órdenes. La gestión del negocio se hacía caótica. Incluso, en un momento determinado, don Andrés se tiró para atrás y les propuso a sus hijos dividirse la propiedad y que cada uno tuviera su propio criadero.

Jesús dice que se encomendó a Dios y reunió a su familia. Les explicó que debían seguir unidos y le pidió a cada uno que dijera qué le gustaba más de las labores de la empresa, para que se hiciera cargo de ella. “La reunión fue muy tensa, pero al final nos dimos cuenta de que lo mejor era empujar todos el mismo carro. Rogelio, junto a mis otros hermanos que vivían en Puno, Williams y Luciano, me nombraron gerente general. Aclaramos todos los aspectos concernientes a la empresa y desde ese momento todo ha ido para arriba”, dice Jesús.

El futuro y una sonrisa

Efectivamente, todo parece ir para arriba. En unos cuantos años, AquaAlevines Jaliri SAC será una productora de ovas de trucha hembra y dejarán de importar. Ya cuentan con toda la infraestructura. Solo necesitan la transferencia de conocimientos en tratamiento genético. Además, se han unido a un grupo de empresarios puneños con los cuales van a desarrollar una planta de esviscerado de trucha para poder exportarlas y atender el mercado nacional.

Jesús sonríe y luego suspira como si contar la historia de su empresa lo hubiera cansado o como si recién fuera consciente de todo el trabajo que les había costado llegar hasta aquí. “Esto no hubiera funcionado sin la unión, lealtad y respeto que nos tenemos en la familia”, dice bajo el cielo azul profundo de Puno. Brilla el sol pero también hace mucho frío, mientras los alevines no dejan de saltar en sus pozas.

 “Sabía que las piscigranjas solo alojan truchas hembras porque estas se desarrollan en menos tiempo que los machos”.

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